Wednesday, May 31, 2006

mayo2005/mayo2006



slideshow confeccionado gracias a fotografías de Television Nacional de Chile (http://www.24horas.cl) y Canal 13 (http://teletrece.canal13.cl/t13/html/)
AFIRMAN EJÉRCITO CHILENO ES RESPONSABLE POR TRAGEDIA DE ANTUCO
Enviado el Martes, 16 mayo
A casi un año de la muerte de 45 militares, sepultados por la nieve en la ladera del volcán Antuco, familiares de las víctimas claman aún porque el alto mando del Ejército asuma su responsabilidad por la tragedia.Angélica Monares, presidenta de la Agrupación de Familiares y Amigos, dijo hoy que existen muchos más culpables que los oficiales procesados por una Corte Marcial y apuntó el índice acusador hacia el general (r) Juan Emilio Cheyre, entonces Comandante en Jefe."Responsables hay más de los que resultaron procesados, hay muchos más y el Ejército lo sabe. El Ejército lo sabe en el sentido que es organizado como una pirámide, estas responsabilidades parten desde el Comandante en Jefe hacia abajo", expresó.En el programa televisivo Entre nueve y una, Monares hace un balance crítico de la peor tragedia del Ejército chileno en tiempo de paz, que causó la muerte a 44 jóvenes reclutas y un sargento, durante una caminata de entrenamiento en las heladas cordilleras andinas.Los jóvenes, pertenecientes al Regimiento 17 de Los Angeles, fueron forzados por su jefatura a emprender una caminata de 27 kilómetros en medio de una severa tormenta de nieve y viento y precariamente vestidos, en la ladera del Volcán Antuco, el 18 de mayo de 2005.Monares, hermana del único suboficial muerto en la tragedia por ayudar a los conscriptos, afirma que el general Cheyre y otros altos oficiales se han negado a asumir su responsabilidad en los hechos y "el uniforme les queda grande".Luis Raimundo Monares es indicado por los sobrevivientes como el único de los profesionales que luchó hasta dar su vida para salvar a los jóvenes, que mal vestidos y con escasa preparación fueron cayendo en el camino congelados y quedaron sepultados por toneladas de nieve.Según la dirigente de agrupaciones de familiares, las torpezas e irresponsabilidades de la institución castrense y su jefatura comenzaron de un inicio cuando los jóvenes se presentaron al Servicio Militar Obligatorio."No fueron sometidos a un adecuado chequeo médico, no se preocuparon después de proveerlos con la ropa, calzado y equipamiento indispensable para la preparación y después los mandaron a un verdadero suicidio", recalcó.Monares culpa también al fiscal militar Juan Arab, quien estuvo a cargo del proceso y ahora fue ascendido a auditor general de la institución. "Una buena parte de los responsables siguen aún vistiendo los uniformes del Ejército", apuntó."Ahora la gran pregunta de eso es ¿por qué el Ejército, la Fiscalía Militar, ya que este caso lo lleva la Justicia Militar, no se pronunció también sobre las bajas de esos oficiales que fueron partícipes de la tragedia?", manifestó.Los miembros de la agrupación de familiares y amigos de soldados fallecidos en Antuco se reunirán esta noche con la presidenta Michelle Bachelet para tratar sobre posibles acuerdos en torno a las indemnizaciones. "Queremos básicamente que se haga justicia", dijo Monares.Subrayó que "todo este tema lo provocó el Ejército y lo tiene que solucionar el Ejército", y para luchar por esos objetivos fue que se organizó la agrupación de familiares y amigos.
(tomado de http://cronicadigital.cl/modules.php?name=News&file=article&sid=3954)
Líder de familiares de Antuco: Cheyre demostró que no tiene pantalones ni hombría
(Entrevista a 1 año de la Tragedia de Antuco)
Anoche no durmió. Hizo una campaña en las radios de Los Ángeles para recolectar velas que se usarían en la vigilia en memoria de los 45 hombres caídos en Antuco, hace justo un año. También logró que el gobernador provincial diera la autorización para izar la bandera a media asta como homenaje.Y es que Angélica Monares, hermana del sargento segundo Luis Reimundo Monares Castillo, no olvida y día a día busca la justicia, ésa que a su juicio, no ha llegado. Es por esto que se puso a la cabeza de los familiares de las muertos en el viento blanco y hoy preside la organización de padres víctimas de la tragedia.Desde este cargo muestra su disconformidad por la forma en que se ha llevado adelante la búsqueda de responsabilidades al interior de la institución castrense: "Esperamos que se reabra el proceso. Para no seguir haciéndonos más preguntas de qué pasó con el sumario interno. Esperamos que algo ocurra y la investigación ojalá vuelva a cero", comenta mientras hace una visita al cementerio donde descansan los restos de su hermano, el, para muchos, héroe Monares.– Hace dos días se exhibió un video que muestra a los militares a cargo del Regimiento Reforzado N°17 en una fiesta bebiendo alcohol antes de la fatídica marcha ¿Ustedes estaban al tanto de esto?Sabíamos. Los mismos sobrevivientes relataron que (los militares) estaban 'curados'. Y no sólo eso, dicen que el capitán Claudio Gutiérrez, cuando venían marchando, venía con resaca del día anterior. Entonces, todas esas cosas pueden haber terminado en cómo se desencadenó la tragedia (…) Nosotros entendemos los actos de camaradería, pero estos actos pueden radicar en que las cosas terminaron como esto terminó, con la gente muerta.–
A un año de la tragedia ¿qué opinan los familiares sobre el Ejército?
Yo no quiero que se porten bien, porque gracias a Dios, no vivo de ellos, pero esperaba que fueran más honestos, y siempre he dicho que nunca ha sido una batalla en contra del Ejército, pero hay malos funcionarios en el Ejército, y en eso me refiero a los responsables, a los que tuvieron algo que ver en esta tragedia y a los que se han solapado, que no fueron ni procesados ni cuestionados; y son gente de rango y de menor rango también.–
El máximo líder de la institución en ese tiempo era el general (r) Juan Emilio Cheyre ¿qué opinión les merece esa figura?Creo que el video lo dejó en evidencia. Porque si es el general en jefe y dice que no tiene ninguna responsabilidad ¿me va a decir que no conoció el sumario interno del fiscal Hermosilla? ¿No tomó cartas en el asunto? ¿No ordenó una investigación más extensa? Opino que el general Cheyre se sacó el bulto. Cuando él era uniformado dijo: ‘No me voy a referir al tema porque soy militar’. Después, ahora que viste terno, dice ‘ahora no me puedo referir al tema porque ya no soy militar’. Entonces ¿cuándo se iba a referir al tema?– Pero él se mostró muy afectado frente a las pérdidas humanas y se mostró muy cercano al dolor de los familiares ¿usted dice que fue todo una simulación?Absolutamente. No fue un hijo de él el que murió, porque estoy segura que si fuera un hijo de él, habría aplicado la política de caiga quien caiga. Él nunca tuvo eso de ser militar de sangre, porque si no, en algún momento habría asumido la responsabilidad que, como cabeza del Ejército, le correspondía. Lo mínimo que uno espera es que alguien formado en la Academia de Guerra y que se supone que son los que van a dar la cara cuando algo le ocurra a su país, es que den la cara en actos como éste. Si nos apegamos a ellos para que nos defiendan ¡diablos! Tendremos que apegarnos a algún otro país para que nos defienda, porque en Antuco dejaron claramente demostrado que les faltan zapatos, pantalones, les falta hidalguía, hombría para asumir las responsabilidades.–
¿Qué es lo que piden los familiares de las víctimas de Antuco?Que haya justicia, justicia de verdad. Gestos reales. Porque ¿para qué quiere una madre, cuando le entierran a su hijo, una bandera? ¿Tú crees que en el llanto la bandera le va a servir de consuelo? A las madres de un hijo único caído no le sirve la bandera. Queremos justicia, somos chilenos y creemos que la merecemos. Ellos eran jóvenes con todo un futuro por delante y que murieron sirviendo a la institución, por lo tanto, que se hagan responsables con valor.–
En ese sentido ¿Qué les preocupa más conseguir: la indemnización o la cárcel para los responsables?Estamos abocados principalmente al asunto de las penas. Lo demás por supuesto es que cualquier chileno merece beneficios en todos los planos, pero primero que los responsables sean descubiertos y que paguen como debe ser: con penas de cárcel si es necesario, que pierdan sus trabajos, no como el capitán Gutiérrez y el capitán Carlos Olivares que siguen siendo dignos oficiales en otros regimientos. ¿Cuándo el Ejército va a tomar cartas en el asunto?, ¿cuando ellos maten a otros 40 jóvenes más? ¿Ahí lo van a hacer?(El Mercurio - jueves 18 de mayo de 2006 – sección noticias nacional)
Informe Semanal – Chile es un servicio de informaciones sobre seguridad y defensa que integra el Proyecto Observatorio Cono Sur de Defensa y Fuerzas Armadas. Es elaborado por Juan Ramirez M. del Programa de Investigación Fuerzas Armadas y Sociedad del Centro de Estudios Estratégicos (CEE) de la Universidad ARCIS de Chile.
Cicerón, Cheyre y una tragedia clásica
por Artemio Lupín
En varios actos por pensaba escribir sobre otras cosas. Sobre los autores clásicos, por ejemplo, que te enseñan a cada paso que pretender abordar los temas de siempre desde una óptica nueva no es más que una soberbia y vana presunción, pues todo lo importante ya ha sido dicho (y mucho mejor, sin duda) con antelación. Quería escribir sobre “La conjuración de Catilina”, de Salustio, donde de una vez y para siempre se revelan los móviles ocultos y las pequeñas grandezas y miserias que hay detrás de toda conspiración. Y de cómo el viejo Cicerón, tan prudente y moderado en otras ocasiones, actuó aquí con mano de hierro, de la única manera en que correspondía acaso que lo hiciera como cónsul de Roma, ante esta rebelión de nobles arruinados cuya principal reivindicación consistía en la tabula nova; es decir, en que desapareciera desde el Capitolio la infamante lista de sus deudas en esa suerte de Dicom de la época, que eran las nóminas de los acreedores. Quería, ya les digo, escribir sobre el adusto Tácito o sobre Julio César o sobre cómo en el siglo I antes de Cristo se juntaron, en una misma época, una constelación de brillantes poetas como tal vez nunca en la historia volverían a hacerlo. A saber: Quinto Horacio Flaco, Catulo, Virgilio, Propercio, Tibulo, Ovidio, el autor de la Metaformosis y el Ars Amandi, y como todos ellos, excepto Catulo, que murió tempranamente, a la edad de 30 años, contribuyeron a elevar con sus versos la gloria de Augusto, el hombre que inauguró el Imperio y sepultó a la República romana. Pero, ¡oh!, la maldita actualidad se me cruzó de un modo artero en el camino. Y tuve que volver, querida chusma, a recorrer los trillados caminos del diarismo, donde mi humilde pluma será sólo una raya más en una maraña de opiniones cruzadas. Debo decir algunas palabras, me sugieren, sobre la llamada tragedia de Antuco. Cualquier silencio en tal sentido, me advierten, sería considerado como complicidad o visto bajo sospecha, al menos por los que leen los signos bajo el agua. Vaya entonces pues mi modesta opinión al respecto, para que no se diga que Artemio Lupín no dijo lo suyo. Para empezar, estimados contertulios, les diré que no me cuadra que este asunto se cierre con el relevo de un coronel, un teniente coronel y un mayor. Cuarenta y cinco muertos –“la mayor tragedia del Ejército en tiempos de paz”, como se la ha caratulado- ameritan mucho más que eso. Al menos la cabeza del jefe de la III División, general Rodolfo González, que debió retirarse lastimosamente entre abucheos de los familiares, cuando la crisis estaba en su paroxismo, y quiso dar explicaciones que no explicaban nada. En cuanto a la de Cheyre, “fuentes bien informadas” me comentan que el jefe del Ejército puso su cargo a disposición del Presidente ya hace unos días, pero éste habría rechazado su dimisión, pese a que casi en paralelo el Congreso sancionó las reformas constitucionales que le restituyen al jefe de Estado una prerrogativa que tuvo durante muchos años, los de la democracia sin restricciones en nuestro país: destituir a los comandantes en jefe de las FF.AA. Reformas a las que solamente les falta el tercer trámite para que rijan ya en forma plena y efectiva. No sé, repito, si esta virtual renuncia existió o no. Pero ante situaciones como ésta, en cualquier democracia no controlada por poderes de facto, como es la chilena, el primer mandatario tiene la posibilidad de hacer los cambios que estime pertinente. Y además de las “fallas comunicacionales”, de la inexistencia de una célula de crisis (cosa que pareciera imperdonable en un Ejército que por su razón misma de ser está expuesto a situaciones imprevisibles), lo cierto es que Cheyre debe asumir la responsabilidad del mando en esta comedia de equivociones que parecía no terminar nunca. La guinda de esta amarga torta la puso, por último, aunque suene cruel decirlo, el hecho de que los oficiales implicados en estos hechos –un capitán y un teniente- aparecieran con vida, emergiendo de la terrible tormenta de nieve. Otro oficial, con grado de mayor, actuó como el célebre "capitán Araya": embarcó a su gente y se quedó en la playa. O en un refugio seguro, que es decir lo mismo. No era obligación, por cierto, que se murieran en estos hechos, pero siempre quedará la sombra de la sospecha, más allá de los relatos sobre abnegados rescates de soldados casi muertos, acerca del por qué se salvaron. Y muchos padres de los conscriptos víctimas podrán pensar, más allá de las indemnizaciones que se les paguen, que sus hijos fueron abandonados a su suerte. Así de duro, así de difícil. Para no hablar de que los trágicos sucesos tuvieron lugar casi en paralelo, como una ironía de la historia, a los festejos del 21 de mayo, donde se recuerda a un oficial chileno, Arturo Prat, que demostró con su sacrificio que no había un patriotismo o un tratamiento VIP para los oficiales y otro distinto para reclutas hijos de campesinos. En fin. Otros dirán que los oficiales tenían mejor instrucción para hacer frente a la furia de la naturaleza, o ropas más adecuadas para los rigores del inclemente clima, o simplemente la sangre fría necesaria para enfrentar lo que fuere. Pero entonces llega la pregunta de cajón: ¿por qué se hizo marchar a los soldados en esas condiciones, lo que, a juicio de Cheyre, no fue una “negligencia” sino un “descriterio”? No quedándonos para nada claro cuál es la diferencia entre uno y otro concepto. Y menos aún cuando la vida y la muerte están en juego. Quería, ya les digo, escribir de otra cosa, pero no pude evitar hablar del tema que nos ocupa y nos ha de ocupar seguramente por varios días más. Prefiero evitar, por obvias, las reflexiones que me mereció la mención a supuestos “agentes infiltrados” que se dedicaron a “agitar” a los familiares en contra de los mandos. Tal tipo de razonamiento paranoico sabemos a qué conduce: al Plan Zeta y, en última instancia, a aviones arrojando cadáveres al mar. Omitiré, por tanto, cualquier comentario. Para cerrar, entonces, esta columna les diré que yo quería hablar originalmente de la carta de Quinto Tulio Cicerón a su hermano, Marco Tulio Cicerón, el Cicerón que pasó a la historia, cuando éste se candidateó al puesto de cónsul. En su “Breviario de campaña electoral”, Quinto Tulio le recomienda, cual versión avant la lettre de Tironi o Correa, a su famoso hermano mayor que adapte su discurso al gusto del público. “Puedes hacer con dignidad lo que durante el resto de tu vida no podrías hacer”, le aconseja, sugiriéndole que no dosifique los halagos que tanto le agradan al personal. Pues, como bien le aclara, la adulación, que “en la vida corriente es un defecto vergonzoso”, en un candidato (palabra que etimológicamente viene de cándido –“blanco”-, dado que el postulante debía vestir prendas de ese color para llamar la atención) es algo que nunca está de más. “Querrán tu amistad si estiman que deseas la suya”, le dice, al tiempo que le encarece que vaya al Foro (lo más parecido a la tele de nuestros días), rodeado de un séquito de entusiastas adherentes. Y sin olvidar, por cierto, al “nomenclator”, el oportuno asistente que le sople al oído los nombres de quienes se acerquen a saludarlo. Así que ya lo sabes, Michelle (consejo válido también para "Tatán" y "Joaco"): no malgastes tu tiempo y tus recursos en asesores de imagen que le aportarán bien poco a tu campaña. Todo es cuestión de leer con atención a Quinto Tulio Cicerón y seguir sus lecciones. Lo importante (se los decía al comienzo) ya está escrito. Y como dirían los clásicos: los dioses sólo ciegan a los que no quieren ver las verdades que asoman ante sus ojos con la contundencia inapelable de los hechos.
Entrevista al Doctor Jorge Rojas H.
Dir. Depto Sociología. U de C.

Claudette Medina V.Periodista Diario EL SUR, 30 de diciembre 2005
¿Cuál fue la noticia que más le impactó? ¿Por qué?.
La tragedia de Antuco. La muerte absurda y cruel de 49 jóvenes conscriptos, congelados en la nieve (símbolo de la pureza y la belleza natural, no de la muerte), como consecuencia de una orden irresponsable de algunos superiores militares, que aún no aprenden que la vida es lo más preciado y hermoso que existe en el mundo y que la defensa del país no consiste en instruir jóvenes en la arbitrariedad del obsoleto autoritarismo que manda y exige obediencia ciega. Los jóvenes son también ciudadanos con derechos. Las rápidas y humanas decisiones del general Cheyre mostraron que estuvo a la altura de los sucesos, realzando su condición de militar que comprende el nuevo papel que deben jugar las fuerzas armadas en la sociedad chilena más democrática y civilizada. Me conmovió profundamente el dolor de los familiares, en su mayoría provenientes de hogares modestos, campesinos, que aman a sus hijos y ven en ellos la posibilidad de salir de la pobreza mediante la adquisición de conocimientos y oficios.
Familiares de víctimas de Antuco cuentan su drama tras la sentencia a jefes militares

Mientras algunos deudos viven el luto participando activamente en el proceso judicial, otros prefirieron fomentar el recuerdo de sus hijos Aunque la mayoría de las madres de los soldados muertos durante la tragedia han enfrentado de distintas maneras el dolor de la pérdida, coinciden en que las penas aplicadas a Cereceda, Mercado y Pineda son insuficientes. Por Juvenal Rivera

En mayo pasado, 45 soldados del Regimiento de Los Angeles murieron de hipotermia mientras cumplían una marcha de instrucción en la cordillera de Antuco.Tras oír la sentencia, la mayoría de los familiares se trasladó el pasado jueves al Palacio de La Moneda para protestar por las condenas aplicadas.
Rosa Fica limpia el dormitorio de su hijo todos los días. Sacude el polvo, ordena las cobijas y observa que todo esté en su sitio al interior de la habitación de Freddy Montoya, en San Rosendo. La mujer se encarga de mantenerla igual como cuando a fines de abril del año pasado el joven volvió desde el Regimiento reforzado Nº 17 Los Angeles -donde cumplía el Servicio Militar Voluntario-, para pasar unos días libres antes de partir a la campaña de instrucción que lo llevaría a la zona cordillerana de Antuco.Pero Freddy Montoya Fica nunca volvió. Los cuerpos de él, un sargento y otros 43 jóvenes conscriptos quedaron diseminados en la montaña cuando fueron alcanzados por una tormenta de viento blanco, el 18 de mayo, mientras realizaban una caminata entre dos refugios cordilleranos. Su cuerpo fue encontrado tres días después.Rosa dice que se muere por dentro, que es como una planta que se está secando, que se encuentra encerrada entre cuatro paredes sin saber qué hacer. Nunca se había apartado de su hijo y hoy mantiene todos los recuerdos de él en el dormitorio que el joven soldado dejó. Durante la Navidad pasada, sin asumir que su hijo ya no existe, le compró obsequios.
InsatisfacciónElla desea penas de cárcel efectiva para los oficiales procesados por la Justicia Militar y recientemente condenados en primera instancia. Por eso fue de las primeras madres que iniciaron acciones judiciales.En tanto, para María Montoya, la madre del conscripto Fredy Montoya Montoya, también fallecido -junto a la mayoría de sus compañeros de la Compañía Morteros-, esta es una fecha especial. Su hijo cumpliría 20 años y por estos días prepara en su memoria una ceremonia en el cementerio de la comuna de Laja, donde reside. Su partida "me ha dejado un vacío inmenso en el corazón", reflexiona.Su hijo fue su única compañía durante años, pero asegura que, a pesar de la pérdida, en estos nueve meses ha encontrado algo de paz acercándose a Dios. "Así al menos he tratado de superarlo", explica.Ella se ha mantenido al margen de las acciones emprendidas por otros familiares, quienes han viajado a Santiago para protestar por las "bajas sentencias" que, a su juicio, el ministro en visita Juan Arab aplicó el pasado jueves al Mayor Patricio Cereceda, al coronel Roberto Mercado y al teniente coronel Luis Pineda.El ex comandante del Regimiento Reforzado N° 17 recibió una condena de cinco años y un día de presidio efectivo. La pena preliminar impuesta a Cereceda es la más cuantiosa y la única que implica cárcel. Mientras, el coronel Mercado recibió tres años de presidio remitido y Pineda, 50 días de presidio remitido, despertando la ira de los familiares de los conscriptos fallecidos que ese día se presentaron en tribunales para oír las sentencias."Cinco años de cárcel es muy poco para todo el daño que se nos hizo. Además, si los van a encerrar, que sea en una cárcel normal, no una especial para militares", dijo María Montoya.Relata que su hijo quiso ir al servicio militar, porque pensó que sería un buen antecedente para postular a Gendarmería. "Soy madre soltera y él quería sacarme adelante, pero (su muerte) no fue la mejor manera".
Sobrevivientes desean olvidar lo ocurrido Ignacio Salas Pérez (19 años) y Juan Muñoz González (19) son parte de los sobrevivientes de la Compañía de Morteros, unidad que sufrió la pérdida de 31 efectivos cuando realizaba la marcha.Aunque ambos se encuentran todavía haciendo el servicio militar en el Regimiento Los Angeles, sus propósitos son distintos: Ignacio se interesó en seguir aprendiendo más sobre jardinería después del curso al que asistió en el propio regimiento.Ya sabe sobre instalaciones de riego automático, hacer presupuestos y a medir la presión del agua, entre otras tareas. Su objetivo es profundizar estos conocimientos para emprender algún negocio. Asegura que "todo ya pasó", cuando se le pregunta por lo vivido en Antuco. Agrega que ahora todo está bien.Juan, quien sobrevivió a duras penas a la tragedia, tiene pensado otro camino. Debido a que hay disponibles varios cupos para soldados profesionales, está esperando el resultado de la postulación para seguir haciendo carrera en el Ejército."Independiente de lo que pasó, acá igual se aprenden hartos valores y quiero ver si puedo seguir la carrera militar", explica.

Antuco: las imágenes desconocidas de la tragedia
El trayecto que costó la vida a 45 soldados a cuatro meses de la marcha en la montañaMilitares que participaron en la caminata de 24 kilómetros en medio de una tormenta de "viento blanco" fotografiaron momentos clave del trayecto en que murieron 45 soldados, el 18 de mayo, y por el que se encuentran procesados siete integrantes del Regimiento Reforzado Nº 17 de Los Angeles. El expediente del sumario administrativo del Ejército contiene imágenes del cruce de la compañía Andina por el estero El Volcán y de la caminata antes de llegar al refugio abandonado de la Universidad de Concepción. El recluta que viajará a la canonización del Padre Hurtado estuvo varias veces a punto de morir durante la marcha en la cordillera. El ministro en visita, Juan Arab, resolverá esta semana si acoge todas o parte de las nuevas diligencias solicitadas por los representantes de cinco de las partes de la causa y si reabre el sumario del caso.Por Jorge Poblete
Los habitantes de la ciudad de Los Angeles no quieren olvidar a los 45 soldados que el 18 de mayo murieron mientras intentaban bajar marchando el volcán Antuco. Para eso, poco a poco comenzaron a construir monumentos en su honor. Primero fue una placa recordatoria en el Regimiento Reforzado Nº 17 y, ahora, planean levantar un memorial de 3.500 metros cuadrados en un sitio importante de la ciudad.El proyecto sólo estará terminado el 2006, pero reflejará lo que desde el día de la tragedia se vive en las calles: un cambio en los temas de conversación, porque para ellos el regimiento era parte activa de la ciudad y porque la gran mayoría conocía a alguien que participó de la campaña.Mensualmente se realizan actos en la Plaza de Armas y velatones en las calles. Los conscriptos del regimiento tienen un trato diferente a los demás reclutas del país: hay un equipo de sicólogos y siquiatras que los controla en forma grupal y en forma individual cuando identifican alguna patología.Y es que para los sobrevivientes de la marcha, la tragedia no terminó cuando llegaron desde el refugios Los Barros a La Cortina. Durante los últimos cuatro meses, tres conscriptos han sido trasladados a Santiago e internados durante semanas en el ala siquiátrica del Hospital Militar, luego de que manifestaran ideas suicidas como parte de un diagnóstico de estrés postraumático.A estos se suman decenas de uniformados que son tratados en forma ambulatoria en la misma ciudad.Paralelamente, avanzan el proceso judicial y la investigación administrativa que inició el Ejército después de terminada la marcha. En el primero, el ministro en visita Juan Arab cerró hace unas semanas el sumario por el que están procesados siete uniformados, entre ellos el mayor Patricio Cereceda, quien dio la orden de marchar, y el resto de la plana superior del regimiento.El viernes Arab recibió la solicitud de cinco de las partes involucradas para realizar nuevas diligencias que incluyen la declaración del comandante en jefe, general Juan Emilio Cheyre. Se prevé que cerca de fin de año pueda haber una sentencia.

Los cuerpos que llegaron al refugio La Cortina
Una pieza amarilla de unos 18 metros cuadrados fue el lugar escogido para reunir los cuerpos que, poco a poco, iban siendo rescatados de la montaña y trasladados hasta el refugio La Cortina.Por ese lugar pasaron los cadáveres de los 45 soldados que el 18 de mayo comenzaron a marchar desde el refugio Los Barros y que quedaron congelados en algún punto de los cerca de 24 kilómetros que separan ambos asilos.En la habitación de madera, habilitada como morgue, se colocaron una junto a otra las bolsas con los restos de los 44 reclutas y un suboficial segundo que perdieron la vida en la campaña. Allí se realizaron las primeras revisiones de los cuerpos de los soldados muertos por hipotermia y se identificó preliminarmente a los cadáveres que luego serían bajados en camiones hasta el Regimiento Reforzado Nº 17 de Los Angeles, desde donde unos días antes había partido el batallón de infantería.La búsqueda de los soldados desaparecidos -que el Ejército catalogó inicialmente de dispersos- duró 49 días e incluyó brigadistas militares y civiles que recorrían en filas la zona clavando en la nieve sondas de más de dos metros de largo. En la labor también se utilizaron detectores de metales, retroexcavadoras y perros entrenados.Cada mañana partían entre 90 y 180 efectivos a rastrear cuerpos, pero fue común que tuvieran que interrumpir casi de inmediato las faenas debido a las malas condiciones del tiempo.El 6 de julio, la Fuerza de Tarea Antuco Nº 4 encontró los restos de Silverio Avendaño Huilipán, bajo más de un metro de nieve. Se hallaba próximo al sector del Valle de La Luna y, según el comandante en jefe del Ejército, general Juan Emilio Cheyre, el rostro del último de los soldados perdidos en la tragedia "estaba sereno".

La caminata después del estero El Volcán
A las cinco de la madrugada comenzó la marcha de la compañía Morteros, que a sólo 800 metros del refugio Los Barros encontraría su primera dificultad.El capitán Carlos Olivares ordenó cruzar por el estero El Volcán, que estaba en parte congelado. Los soldados debieron atravesar de noche su caudal, por lo que todos se mojaron sus zapatos y algunos incluso hasta las rodillas.Cuatro horas más tarde fue el turno de la compañía Andina. El capitán Claudio Gutiérrez -que a diferencia de Olivares tiene la especialidad de montaña- no habría escuchado los consejos de un cabo que le sugirió retroceder y ordenó construir un puente de ramas para lograr pasar sin mojarse, lo que no lograron todos.A esa hora todavía no comenzaba la tormenta, que sumada a las ropas mojadas contribuyó a que al final del día murieran 31 hombres de Morteros y 11 de la Compañía Andina. De los muertos, sólo uno era suboficial. Los demás, todos conscriptos que marchaban sin tenida de alta montaña.Para los Morteros, la tormenta empezó más tarde. Cuando llevaban 15 kilómetros de caminata comenzaron los primeros casos de hipotermia. La compañía trató de mantenerse unida, pero los instructores no dieron abasto y la nieve no permitía ver más allá de dos metros de distancia. Los soldados recibieron la orden de arrojar sus mochilas y fusiles para avanzar con más libertad, pero para muchos eso no fue suficiente.Los primeros efectivos de la compañía Andina, que unas horas después atravesaron el kilómetro 15, no comprendieron de inmediato qué pasaba. Cuentan que primero vieron bultos, luego distinguieron mochilas, fusiles y coligües clavados y empezaron a entender. Después, los cuerpos aparecerían repartidos por el camino.Luego, todo fue más difícil. Ellos tampoco venían bien y al ver los restos de sus compañeros, muchos creyeron que tampoco lograrían terminar la marcha. Su única oportunidad era llegar hasta el refugio de la Universidad de Concepción, unos kilómetros adelante a través de la nieve.

El primer soldado con síntomas de hipotermia
Fue uno de los primeros en comenzar a congelarse. El conscripto Luis Hernández marchó junto a la compañía Morteros que perdió a 34 hombres durante la marcha y estuvo varias veces a punto de morir.El cabo segundo Andrés Matamala fue uno de los primeros en salvarlo de la tormenta y por eso en la investigación interna que inició el Ejército se propuso mejorar su calificación anual. Cuenta que cuando llevaban poco más de 15 kilómetros marchando vio que el conscripto venía mal. "Fue algo abrupto. El hombre aguantó mucho o mucho antes iba con problemas, pero no dijo nada. No lo sabemos. Eramos sólo cuatro especialistas en montaña en la unidad completa (...) Nos quedamos tirando a este hombre, íbamos relevándonos, pero el soldado no reaccionaba, tenía hipotermia".Dice que con Hernández y otros soldados que no podían seguir avanzando improvisaron una carpa-refugio en la montaña, que quedó a cargo de un suboficial: "Dejamos al soldado dentro del saco de dormir".Hasta allí llegó un equipo de la compañía Andina en busca de sobrevivientes, comandado por el capitán Claudio Gutiérrez e integrado por el teniente Daniel Durán, el cabo segundo Ignacio Castro, entre otros. Este último dice que de todos los que encontraron "quedó uno solo vivo y que trajimos, fue el soldado Hernández", al que le pasaron la parka del capitán, los guantes del teniente y unos pantalones suyos.La historia de este recluta llegó a oídos de sus superiores, que decidieron incluirlo en la comitiva de 22 personas que viajará a presenciar la canonización del Padre Hurtado en Roma. Sobre la invitación y la tragedia, el soldado ha dicho que viaja en nombre de sus compañeros muertos.

Tuesday, May 30, 2006

Nuestros muchachos,mártires de Antuco



Estos 45 jóvenes murieron congelados el día 18 de mayo del año 2005 en los faldeos del volcán Antuco en la Octava región de Chile,apenas sobrepasaban el límite de mayoría de edad y se encontraban realizando el Servicio militar "obligatorio", provenían de humildes hogares de campesinos y agricultores, familias pehuenches.En algunos casos la carrera militar se les presentaba como una gran "oportunidad" para mejorar su vida y la de sus familias otros no pudieron "sacárselo" ya que no tenían posibilidad de seguir estudiando y el tener realizado el servicio militar es la condición que en nuestro país se requiere para encontrar un trabajo...Murieron Congelados por el viento blanco...pero no solo eso, murieron congelados con sus ropas de calle es decir chaquetas y camisetas de tela, zapatos inpensados para un clima como ese. Cruzaron un riachuelo con aguas gélidas y comenzaron su marcha, siguieron posiblemente con todas sus fuerzas pensando que debían obedecer...A Propósito sus superiores contaban con "ropa especial" y casualmente siguen con vida...Nuestros hijos, amigos, pololos, padres en cambio se fueron apagando de a poco dispersando sus cuerpos y como orgullo un fúsil que les recordaba su puesto...No sabían cuantos eran, no conocían sus nombres, tardaron días en reconocerlos, y sus familias esperaban que en cada camión que bajaba llegaran...Estos jóvenes llevaban poco menos de dos semanas en el Servicio con excepción del sargento Monares quien aún siendo el simple ranchero de la tropa no abandono a sus muchachos y los ayudo a luchar por su vida hasta apagar la propia...El resto nunca habían realizado prácticas militares y casi todos no conocían la nieve...Estos niños jóvenes fueron arrancados de la vida por ordenes de superiores que nadie se atrevio a contradecir, fueron tratados como perros pero esta vez no midieron las consecuencias... Se apagaron 45 vidas, pero muchas más también murieron: madres, padres, hijos, novias, esposas y los sobrevivientes de la tragedia que todavía esperan por ayuda y ven como cada día nuestro solidario Chile se queda con lo que la tele muestra y no ve la cara de dolor y lucha en los humildes y vacíos hogares que todavía esperan...

Sunday, May 28, 2006


"Morenos reclutas, invisibles e intercambiables, caminaron en medio de la nieve, y sólo empezaron a existir para la opinión pública al morir en masa. A esos muchachos los suponemos felices en sus uniformes, aunque en realidad son sombras en las que nunca nadie ha reparado. En su anonimato, esos soldados ahora muertos o perdidos se creyeron la leyenda de ser parte de un ejército jamás vencido. Jamás vencido, y supuestamente profesional en grado extremo, pero que se desbanda y se convierte en un caos de informaciones contradictorias y declaraciones lamentables, sólo porque hace frío y hay viento. Invencible infantería que, sin una bala enemiga, queda desperdigada por el suelo, sembrando su camino de muertos. Ese ejército jamás vencido, poseedor de sofisticados equipamientos de guerra, pagados a precio de oro, no es capaz de vestir adecuadamente a sus soldados ni de proteger sus vidas ni de dignificar sus muertes, pues tampoco es capaz de encontrar sus cadáveres en plazos razonables""Les exigimos a los "pelaos" que se sacrifiquen por una patria que, bajo la nieve de Antuco o bajo la otra nieve, la del silencio, la pobreza, el olvido y la desigualdad, lleva años enterrándolos vivos." (Rafael Gumucio)

Tuesday, April 11, 2006

“La pena es una herida que para sanar necesita ser atendida. Así que se necesita valor para llorar, valor para sentir el dolor y enfrentarnos a lo que no nos resulta familiar. Recobrarse de la muerte de una persona querida no es eliminar el amor a los recuerdos, significa aceptar su muerte, que disminuya el dolor y la pena, para poder sentirnos libres para ocuparnos de nuevo de nuestras vidas.”

Tatelbaum

Thursday, February 09, 2006


El ángel que me pidió Dios...

Mis lágrimas ya no brotan,
mis ojos ya se han secado,
es tanta la tristeza de saberte desahuciado,
a tu corta edad mi hijito no estarás más a mi lado....
Mi corazón sangra, mi alma no siente alivio
no entiendo porque tu, tu fuiste el elegido,
Teniendo Dios tantos ángeles te aparto de mi camino...
no reclamo, no blasfemo pero porque tu?
tu hijito mío....
Jamás podré olvidarte mi niño adorado
tu eras parte de mi vida....
lo mejor que me había pasado...
no soporto la tristeza de que no estés a mi lado...
Has dejado un gran un vacío que jamás se llenará,
como agua de un río, que ya no regresa más....
mis lágrimas no cesan mi dolor cada vez es más
porque se que tu conmigo ya jamás regresarás....
Es tanta la tristeza que este golpe me ha dejado
vivir sin tu presencia es un dolor desmesurado....
Cómo podré recuperarme de este golpe letal
siento que mi alma, se comienza a desgarrar...
cada día que pasa, es más difícil superar
que ya no estés tu conmigo...
y escucharte decir "mamá"...
porque Dios te ha elegido para ser un ángel más...

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